Explosión de un impulso tumbador.
Torsiones, epicentros lumbares, trepidaciones umbilicales.
La lujuria de los timbales
se reúne en la cadencia fragmentada
de tus caderas surcando el humo...
/Cumbia/
/Cumbia/
/Cumbia/
/¡Irresistible pistoneo!/
Nada por aquí, yéndose lejos,
rezongando, el mal genio.
Acrósticos güiros
desdeñan lo estático.
Flota una invisible convención
entre los vaivenes de nuestras lujurias.
Todo puede terminar en el lodo,
esta noche tiene las fauces abiertas.
Devora la fiera vocal
todos los intentos
por recobrar el orden.
Asistimos al culmen de la superficie rítmica.
Rugidos discordes en esta antimelodía desenfrenada.
Me reflejo en el rostro extasiado de mi prójima.
SOY LEGIÓN EN LA CUMBIANCHA:
Soy todo éxtasis encapsulado en lo tacones de la pista.
¡ESTO SÍ ES DINAMITA!
9 de enero de 2017
6 de enero de 2017
Embudo superficial
Este tornado que lame con todos los vientos,
esta vanidad que sepulta lo humano,
este afán de la materia...
Destrampemeteoro
es el fornicio
con el verbo tener.
¡¿Qué más da si se habita
cubil o mansión?!
¡¿Qué más da si se cabalga
corcel o jumento?!
Pretensiones bastas, anhelos vanos
que conducen a una superficie viscosa,
tan adherente que anquilosa.
Automático 20.09.16
En ataques desarmados son especialistas los monos cilindreros. Habríamos de aprender de tan creativos primates, cuyo único mérito consiste en desarticular células madre que amenazan el bienestar de las moléculas gastronómicas.
No tengo inconveniente en testificar a favor de la desdicha, de la amargura, del deshielo.
No tengo inconveniente en romper las velas del progreso si eso garantiza la supervivencia de los trilobites.
Clonemos dientes de sable para que contribuyan al control demográfico.
No hay manera de controlar esta masacre espiral, ascendemos en la escala de estupidez de manera proporcional a nuestra fuga de la realidad.
¿Cómo podemos aspirar a una larga vida si nos empeñamos en revolcarnos con la muerte? Yo siempre he coqueteado con la flaca, pero hay una distancia sana entre ese coqueteo y un idilio.
No tengo inconveniente en testificar a favor de la desdicha, de la amargura, del deshielo.
No tengo inconveniente en romper las velas del progreso si eso garantiza la supervivencia de los trilobites.
Clonemos dientes de sable para que contribuyan al control demográfico.
No hay manera de controlar esta masacre espiral, ascendemos en la escala de estupidez de manera proporcional a nuestra fuga de la realidad.
¿Cómo podemos aspirar a una larga vida si nos empeñamos en revolcarnos con la muerte? Yo siempre he coqueteado con la flaca, pero hay una distancia sana entre ese coqueteo y un idilio.
27 de julio de 2016
Carcajadas en el puente
Hace un par de décadas,
mi amigo Noel me contó una historia bien sabida entre la gente de Santa Leticia
y zonas aledañas. Se dice que sobre un puente centenario, tendido sobre un
arroyo que corre paralelo al camino hacia El Barreal, durante las noches sin
luna solía verse al Diablo bailando para festejar su dominio sobre aquellas tierras.
Los
habitantes de las casas cercanas al puente, preocupados por su bienestar
espiritual, construyeron un nicho sobre el puente, colocaron en él la imagen
del Sagrado Corazón de Jesús y todos volvieron a dormir tranquilos.
Algunas
noches, cuando la luna está ausente, desde la ventana de mi habitación que da
hacia aquella parte del camino alcanzo a escuchar carcajadas estentóreas que
provienen de aquel centenario puente y rasgan como saetas la densa neblina.
A la
mañana siguiente, muy temprano, cuando paso por aquel camino hacia Santa
Leticia, me detengo a contemplar a la distancia la imagen del Sagrado Corazón
bañada con una espesa mucosidad.
4 de marzo de 2016
La rosca
Una tras otra, con esos intervalos largos que nos
caracterizan a los mexicanos para llegar a cualquier evento, preámbulos de
festivas recepciones, fueron llegando las visitas.
La rosca de reyes reposaba en el
centro de la gran mesa del comedor, como una ofrenda al amor familiar.
Carcajadas y gritos, bailes de
niños animados por las palmas y cantos desafinados de adultos que bailan más
animados que los niños, quienes sonríen inmersos en la pena ajena.
El festejo alcanza su culmen. Toda
la familia, sentada en torno al mesón, se prepara para el gran ritual. Con
trabajos, la abuela saca un inmenso cuchillo de un cajón necio. El filo reluce
bajo la luz tenue de un candelabro empanizado con polvo, mientras la mujer se
dispone a cortar la rosca, adoptando la posición de quien pretende partir en
dos una anaconda.
Hunde el cuchillo en el mullido
pan y sonríe. El primer tajo sale limpio, sin tocar plástico. Hunde de nuevo la
hoja y su sonrisa deviene una carcajada seguida de un aplauso.
—¡Gracias, Santo Niño de Atocha!
¡Me salvé de hacer los chingados tamales! ¡Con las reumas que me cargo!
El tío Porfirio levanta el
cuchillo. Otro tajo limpio, igual que el siguiente. Su sonrisa deja ver unos
dientes cubiertos por el velo de la nicotina.
Ezequiel levanta el cuchillo. Sus
pequeñas manos apenas pueden sostener el mango. Su madre se apresura a ayudarlo
a cortar la rosca. Un tajo limpio, otro igual.
Ezequiel se lleva enseguida el
gran trozo de pan a la boca. Muerde, mastica, engulle, muerde, mastica, engulle,
con ansiedad, como si no se hubiera tragado medio kilo de fruta de la piñata y
dos tazas de chocolate.
La tercer mordida es distinta. Algo
le impide cerrar la mandíbula. Un instante después, sus dientes chocan
violentamente, soltando un fuerte chasquido. Se escucha un alarido punzante. La
madre de Ezequiel corre hacia él.
—¡Ya te mordiste, Cheque! ¿Ya ves?
¡Por andar comiendo como perrito!
Pero al acercarse, la mujer nota
una mancha de sangre junto a un pequeño hueco en el pan. Un hilo de
sangre escurre por la boca de Ezequiel. Su madre lo limpia con una servilleta y
descubre el manantial de ese delgadísimo arroyo: en el labio superior del niño se
ven unas marcas casi imperceptibles, pero profundas, de lo que parece una
mordida; un conjunto de diminutos orificios hechos por agudos dientecillos.
11 de diciembre de 2014
23 de noviembre de 2014
28 de junio de 2014
Silbido
Aquella limpia y despejada noche, una refulgente luna bañaba con su claridad a un bravo río que rugía al roer el rostro de la tierra. Cuatro hombres, montados sobre una canoa, luchaban a brazo partido contra el terror que pretendía apoderarse de sus espíritus. Miraban atrás, buscando la fuente de su inquietud. Un descuido los llevó a una corriente que los impulsó a la caída de una cascada. Tras alcanzar, desperdigados, las raíces de aquel inmenso tronco de agua, se reagruparon a nado y pusieron el casco de la canoa contra la superficie de un trémulo espejo. La calma era intrigante. Un lejano aullido hizo saltar en pedazos aquel esperanzador silencio. Unos segundos después, mucho más cerca, grandes ramas se quejaron al ser fracturadas. Los hombres se agazaparon, cuatro espaldas unidas en un sólo temblor. Un silbido electrizante. Tres días después, cerca de un pueblo corriente abajo, unos campesinos hallaron en la ribera del río una canoa abandonada, casi intacta, salvo por una mancha carbonizada en su centro, con la forma de un trébol de cuatro hojas.
23 de marzo de 2010
24 de septiembre de 2008
Contraejemplos
Nos ha tocado vivir
este mundo que se desgasta
buscando chisporroteos de felicidad
en el esnob concreto finamente armado,
en las alfombras cucas,
en el futón tanoshit,
en una vajilla de rómpela y te la rompo,
en una cama asexuada, quiropráctica y aséptica,
en un televisor más grande que el muro de la sala,
en una nocturna neumonía descapotada
sobre neumáticos del gordito,
en tanta materia inmarcesible y vacua,
que no llena ni el fondo del espíritu.
Y no,
la felicidad no está ahí,
lo hemos comprobado
a punta de contraejemplos:
los impulsos vomitivamente rosáceos,
plantados en una templada selva del golfo;
el amor encuerado frente al frío de la indiferencia,
gomitas erectas y chabacanos encogidos;
nuestra resistencia combativa contra el pasado
que bombardea con preconceptos antieróticos
nuestras almas refugiadas
en los búnkeres de la desconfianza,
con una botella de un yummy tinto barato por fusil
y las palabras sabias por municiones;
la dulce tarea de fungir como pastores
en las praderas capilares retacadas de piojos,
que ronronean como gatos
rescatados de la mierda urbana...
Y sí,
ahora nos toca el contraataque
sutil, clandestino, complotado:
provocarle tantos accidentes a la felicidad
como sean necesarios para sacudirle la esencia,
para demostrar que puede reposar
entre muros de aire o concreto,
en cualquier sitio que elija
este hogar vagabundo que somos,
sin importar la cantidad de materia
que nos circunde.
este mundo que se desgasta
buscando chisporroteos de felicidad
en el esnob concreto finamente armado,
en las alfombras cucas,
en el futón tanoshit,
en una vajilla de rómpela y te la rompo,
en una cama asexuada, quiropráctica y aséptica,
en un televisor más grande que el muro de la sala,
en una nocturna neumonía descapotada
sobre neumáticos del gordito,
en tanta materia inmarcesible y vacua,
que no llena ni el fondo del espíritu.
Y no,
la felicidad no está ahí,
lo hemos comprobado
a punta de contraejemplos:
los impulsos vomitivamente rosáceos,
plantados en una templada selva del golfo;
el amor encuerado frente al frío de la indiferencia,
gomitas erectas y chabacanos encogidos;
nuestra resistencia combativa contra el pasado
que bombardea con preconceptos antieróticos
nuestras almas refugiadas
en los búnkeres de la desconfianza,
con una botella de un yummy tinto barato por fusil
y las palabras sabias por municiones;
la dulce tarea de fungir como pastores
en las praderas capilares retacadas de piojos,
que ronronean como gatos
rescatados de la mierda urbana...
Y sí,
ahora nos toca el contraataque
sutil, clandestino, complotado:
provocarle tantos accidentes a la felicidad
como sean necesarios para sacudirle la esencia,
para demostrar que puede reposar
entre muros de aire o concreto,
en cualquier sitio que elija
este hogar vagabundo que somos,
sin importar la cantidad de materia
que nos circunde.
11 de abril de 2008
Tormenta
Torrencial lindero de noche tormenta.
El alba llega con versos bucofónicos
escupidos al cielo raso
y tu cuasilentejuélica presencia
en mi ribera
me obliga a la poesía
que brota de mis poros
en dulce, fogoso y sinfónico alud.
¡Que sí, carajo, eres tormenta!
De aquellas tormentas halterofílicas
que se levantan a sí mismas,
poder del rayo retina,
estruendo del trueno primor,
llegas, refulgente hidromusa,
con tus encantos polisílabos,
a la taberna deste masticador de ritmos.
Y luego tú, nena esplendorosa,
te vas, por la vereda agridulce
deste bosque pasional,
hallando, en cada paso,
bajo el torrente de tu propia tormenta,
los versos almidonados
que un poeta-lobo sin colmillos,
tendido bajo el manto de la oscura luna,
escupió al emperifollado cielo abierto.
El alba llega con versos bucofónicos
escupidos al cielo raso
y tu cuasilentejuélica presencia
en mi ribera
me obliga a la poesía
que brota de mis poros
en dulce, fogoso y sinfónico alud.
¡Que sí, carajo, eres tormenta!
De aquellas tormentas halterofílicas
que se levantan a sí mismas,
poder del rayo retina,
estruendo del trueno primor,
llegas, refulgente hidromusa,
con tus encantos polisílabos,
a la taberna deste masticador de ritmos.
Y luego tú, nena esplendorosa,
te vas, por la vereda agridulce
deste bosque pasional,
hallando, en cada paso,
bajo el torrente de tu propia tormenta,
los versos almidonados
que un poeta-lobo sin colmillos,
tendido bajo el manto de la oscura luna,
escupió al emperifollado cielo abierto.
8 de abril de 2008
Automático I
Extírpame la soledad
de una vez por todas.
No me dejes deambular más
por las praderas del hastío.
No estamos,
somos movimiento.
Embates de la vista
nos traicionan,
gritando la verdad
a la exósfera.
Entiéndeme,
las manecillas giran
y yo te veo ascender
delante de un rugido.
Estallidos de incertidumbre.
Zigzagueas entre calles
deslavadas
por tanto flujo de dulzura.
En tus labios se queda
el recuerdo de lo insoluble,
sal de mares inconclusos,
de sueños perdidos
en mareas caóticas.
No eres todo,
no soy todo,
no somos todo,
queda por delante
la peripecia verbal,
aún nos quedan
las escaramuzas pactadas.
No divagues,
devora,
híncale el colmillo
al chamorro de la lujuria
después de rasurarlo
con tus navajas pupila.
Deja atrás los alegatos
de tu restirado titubeo,
compacta tu cháchara decente...
¡Basta ya
de jalarle las patillas
al desenfreno!
Aquí estoy,
aquí estaré,
llegarás.
de una vez por todas.
No me dejes deambular más
por las praderas del hastío.
No estamos,
somos movimiento.
Embates de la vista
nos traicionan,
gritando la verdad
a la exósfera.
Entiéndeme,
las manecillas giran
y yo te veo ascender
delante de un rugido.
Estallidos de incertidumbre.
Zigzagueas entre calles
deslavadas
por tanto flujo de dulzura.
En tus labios se queda
el recuerdo de lo insoluble,
sal de mares inconclusos,
de sueños perdidos
en mareas caóticas.
No eres todo,
no soy todo,
no somos todo,
queda por delante
la peripecia verbal,
aún nos quedan
las escaramuzas pactadas.
No divagues,
devora,
híncale el colmillo
al chamorro de la lujuria
después de rasurarlo
con tus navajas pupila.
Deja atrás los alegatos
de tu restirado titubeo,
compacta tu cháchara decente...
¡Basta ya
de jalarle las patillas
al desenfreno!
Aquí estoy,
aquí estaré,
llegarás.
3 de abril de 2008
La moda doma
It is easier to copy than to think, hence fashion.
Besides a community of originals is not a community.
Wallace Stevens
Wallace Stevens
No sé ya dónde guarecerme...
Permanezco alerta,
con las pupilas crispadas,
en medio de un cúmulo de vanidades.
Estoy cercado por talles ceñidos con látex
y copas rebosantes de silicona,
ejemplos de que el mundo ha mutado
en una puta de pasarela,
erguida sobre los tacones del voraz consumo.
¿Dónde ha quedado el amor
en este circo que sólo piensa
en mejorar estirpes
engendrando anorexia,
adicción al peróxido
y antifaces make-up?
¡Bienaventurado este jodido tiempo
en el que las niñas quieren tetas,
no muñecas!
Qué puedo hacer yo aquí,
predicador del putrefacto corazón,
posmoderno retrógrado,
inútil tótem a la poesía,
imbécil y joven reliquia
que prefiere la voz profunda
de la neurona sensible,
al solaz en la superficie
del aparador
en que se ofrece el mundo.
Vuelos en torno al canto luminoso de una luciérnaga
1.
Traficas
angustia,
expides
vapores
que
embriagan
mis
pupilas,
niña
púrpura.
Aniquilas
en
mi
selva
la
púspura
de
los
perros
y
ranas
descalzados.
Traficas
angustia,
expides
vapores
que
embriagan
mis
pupilas,
niña
púrpura.
Aniquilas
en
mi
selva
la
púspura
de
los
perros
y
ranas
descalzados.
Notas para un sueño serie B
I
La noche riega pulverizadas sus vísceras sobre mi cama...
II
Nado sumergido en
pura púrpura pus pura...
III
IV
Tragamos harto cascajo
entre yonquis
de doble turno.
La noche riega pulverizadas sus vísceras sobre mi cama...
II
Nado sumergido en
pura púrpura pus pura...
III
Cabalgo sobre negros toros plásticos en compañía de jinetes azules que montan liebres con máscaras de caparacho.
IV
Tragamos harto cascajo
entre yonquis
de doble turno.
25 de marzo de 2008
Belleza lollipop
emergen de tu boca,
lapizlázuli exquisito,
tu labios brillantinos,
aromas plásticos
de golosinas sintéticas.
Me extasío con los giros de tu saliva
en torno de un carmesí artificial.
Me cautivan los embates de tus labios
que anulan todo macarrónico aroma,
todo impulso cocada.
Entre polvos chispeantes
estalla tu boca,
metralla arcoíris
abatida en indescifrables contorsiones;
dominas las dunas irisadas
bajo una pala de caramelo quebradizo.
Adoro el aséptico aroma de tu boca,
tu saliva ácida,
mar de artificiales pétalos cítricos,
corrosivo artificio de la nueva sacarosa.
14 de marzo de 2008
Minotauros (otro rescate)
Galope,
una daga,
brutalidad,
explosiones azarosas
en las entrañas del bosque.
El lago vibra
y una brisa se arrastra,
regando susurros,
hasta el arroyo.
Él bebe,
sana y muere...
Aullido,
rumor de hojas,
silencio,
cascos de un caballo en fuga.
una daga,
brutalidad,
explosiones azarosas
en las entrañas del bosque.
El lago vibra
y una brisa se arrastra,
regando susurros,
hasta el arroyo.
Él bebe,
sana y muere...
Aullido,
rumor de hojas,
silencio,
cascos de un caballo en fuga.
Rescatados de una libreta de hace unos años...
Hay tantos procedimientos para destilar el placer, que la oferta de cocteles hedonistas es prácticamente infinita.
El ingrediente que amarga todos y cada uno de los cocteles hedonistas, haciéndolos imposibles de tragar, es el jarabe de moralina.
A veces me da por pensar que la vida no es más que uno de esos chistes larguísimos, tediosos, exasperantes, que al final sólo dejan dos opciones: no entenderles ni madres o no encontrarles ninguna gracia, y generalmente ocurren ambas.
El ingrediente que amarga todos y cada uno de los cocteles hedonistas, haciéndolos imposibles de tragar, es el jarabe de moralina.
A veces me da por pensar que la vida no es más que uno de esos chistes larguísimos, tediosos, exasperantes, que al final sólo dejan dos opciones: no entenderles ni madres o no encontrarles ninguna gracia, y generalmente ocurren ambas.
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Uno de los cuentos ganadores del concurso 104 de Las Historias, sitio de Alberto Chimal.